Nunca te detengas… Juntos seguimos caminando

Misa del Domingo 25 durante año 20 de septiembre de 2020

Misa del Domingo 24 durante año 13 de septiembre de 2020

Misa del Domingo 23 durante año 6 de septiembre de 2020

ESTE EN UN NUEVO DÍA

Esta es la canción que canto cada mañana al despertar, Para agradecerle al Cielo, La gentileza de un nuevo día, Es decir de una nueva oportunidad.
Porque siempre se puede empezar de nuevo, En una eternidad siempre se puede empezar de nuevo, Y esto es tan cierto como que el pa­raíso no está perdido sino olvidado.
Este es un nuevo día, Para empezar de nuevo, Para buscar al ángel, Que me crece los sueños. Para cantar, Para reir, Para volver A ser fe­liz
Todos nacemos con un ángel de la guarda, Pero pocos lo conservamos, Hay quien prefiere un sicoanalista. Todos tenemos una conciencia, Pero pocos la escuchamos, Hay quien prefiere la televisión.
Todos somos ricos, es decir hijos de Dios, Pero pocos lo sabemos,
Perdona hermano que yo no entienda que no seas feliz En tan bello planeta, Que hayas hecho un cementerio de esta tierra, Que es una fiesta.
Tienes un corazón, un cerebro, Un alma, un espíritu, Entonces como puedes sentirte pobre y desdichado.
En este nuevo día, Yo dejaré al espejo, Y trataré de ser, Por fin un hombre nuevo, De cara al Sol, Caminaré, Y con la Luna, Volaré.
Ahora mismo le puedes decir basta a la mujer que ya no te gusta, Al hombre que ya no amas, Al trabajo que odias, A las cosas que te encadenan a la tarjeta de crédito, A los noticieros que te envenenan desde la mañana y desde el helicóptero, A los que quieren dirigir tu vida.
Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, Porque la vida es aquí y ahora mismo,
Por eso: Este es un nuevo día, Para empezar de nuevo, Para buscar al ángel, Que nos crece los sueños. Para cantar, Para reír, Para volver A ser feliz Si Señor.

Misa del Domingo 22 durante año 30 de Agosto de 2020

Feliz Cumpleaños Madre Teresa

http://instrumentosdetupazentigre.com.ar/2018/10/23/0-01-mapa-de-sitio-para-aprovechar-mejor-la-vivencia-peregrinacion-y-retiro-en-calcuta/

¿Quien es Jesús para mi?

Quien es Jesús para mi… se responde con el testimonio de vida. Un capellán, cuentan, se acercó a un herido en medio del trueno de la batalla y le preguntó: -¿Querés que te lea la Biblia? -Primero dame agua que tengo sed, dijo el soldado herido. El capellán le ofreció el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en kilómetros a la redonda. -¿Ahora… querés que recemos?, preguntó de nuevo el capellán. -Primero dame de comer, suplicó el herido. El capellán le dio el último pedazo de pan que tenía en su mochila. -Tengo frío, fue el siguiente clamor del herido. Y el hombre de Dios le dió su abrigo de campaña pese al frío que calaba y cubrió al soldado herido. -Ahora sí, le dijo al capellán… Hablame de ese Jesús que te hizo darme tu última gota de agua, tu último pedazo de pan, y tu único abrigo. Quiero conocer a ese Jesús, que me mostraste con tu amor y con tu bondad. En la Pasión de los abandonos… el duro silencio de Jesús nos está diciendo: El amor se enseña a través del ejemplo. Muchas veces queremos enseñar el amor por medio de palabras. No nos damos cuenta que Jesús propone otro camino. Más difícil y comprometido, pero también más cercano al sentir de Jesús. El amor se enseña a través del ejemplo; con gestos de ternura, cercanía y encuentro, especialmente con los pobres, los no queridos ni aceptados, los más sufridos de hoy, que son los preferidos de Dios.

San Maximiliano Kolbe https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2020-08/maximiliano-kolbe-al-dar-su-vida-por-un-hermano-se-asemejo.html

Todos los lunes, adoración al Santísimo Sacramento, en vivo por YouTube – canal Alicia y Marcelo 19,30hs
https://www.youtube.com/channel/UCq_ZAF5TqCTNzTKExtyDcGA

San Lorenzo, Diácono y Mártir

Dios y Padre Nuestro,Fortalece con la gracia del Espíritu Santo a todos los Diáconos de tu Iglesia, para que desempeñen con alegría,fidelidad y en espíritu de comunión eclesial su ministerio pastoral,siguiendo los pasos de tu Hijo Jesucristo,»que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de la humanidad» (Mc. 10, 45).  Te pedimos por las familias de los diáconos casados,para que sean auténticas «Iglesias domésticas»,según el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret,y de ella surjan vocaciones sacerdotales y religiosas.  ¡Virgen María, Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles,ruega por los ministros del Señor! ¡San Lorenzo, diácono y mártir,ruega por los diáconos servidores del pueblo de Dios!  Amén. https://www.aciprensa.com/recursos/san-lorenzo-diacono-y-martir-2915

LA  ORACIÓNSANTO CURA DE ARS
Hermosa obligación del hombre: orar y amar
Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.

El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.
La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable. 

En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.
Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.

Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo.
En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.

Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto. Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en eI agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no esta dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con del mismo modo que hablamos entre nosotros.
Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la Iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo,  cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: «Sólo dos palabras, para deshacerme de ti…» Muchas veces pienso que cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.
Juan Maria Vianney (Cura de Ars)

El cuento trata de un difunto. Anima bendita camino del cielo donde esperaba encontrarse con Tata Dios para el juicio sin trampas y a verdad desnuda. Y no era para menos, porque en la conciencia a más de llevar muchas cosas negras, tenía muy pocas positivas que hacer valer. Buscaba ansiosamente aquellos recuerdos de buenas acciones que había hecho en sus largos años de usurero. Había encontrado en los bolsillos del alma unos pocos recibos «Que Dios se lo pague», medio arrugados y amarillentos por lo viejo. Fuera de eso, bien poca más. Pertenecía a los ladrones de levita y galera, de quienes comentó un poeta: «No dijo malas palabras, ni realizó cosas buenas» Parece que en el cielo las primeras se perdonan y las segundas se exigen. Todo esto ahora lo veía clarito. Pero ya era tarde. La cercanía del juicio de Tata Dios lo tenía a muy mal traer.

Se acercó despacito a la entrada principal, y se extraño mucho al ver que allí no había que hacer cola. O bien no había demasiados clientes o quizá los trámites se realizaban sin complicaciones. Quedó realmente desconcertado cuando se percató no sólo de que no se hacía cola sino que las puertas estaban abiertas de par en par, y además no había nadie para vigilarlas. Golpeó las manos y gritó el Ave María Purísima. Pero nadie le respondió. Miró hacia adentro, y quedó maravillado de la cantidad de cosas lindas que se distinguían. Pero no vio a ninguno. Ni ángel, ni santo, ni nada que se le pareciera. Se animó un poco más y la curiosidad lo llevó a cruzar el umbral de las puertas celestiales. Y nada. Se encontró perfectamente dentro del paraíso sin que nadie se lo impidiera. -¡Caramba — se dijo — parece que aquí deber ser todos gente muy honrada! ¡Mirá que dejar todo abierto y sin guardia que vigile!

Poco a poco fue perdiendo el miedo, y fascinado por lo que veía se fue adentrando por los patios de la Gloria. Realmente una preciosura. Era para pasarse allí una eternidad mirando, porque a cada momento uno descubría realidades asombrosas y bellas. De patio en patio, de jardín en jardín y de sala en sala se fue internando en las mansiones celestiales, hasta que desembocó en lo que tendría que ser la oficina de Tata Dios. Por supuesto, estaba abierta también ella de par en par. Titubeó un poquito antes de entrar. Pero en el cielo todo termina por inspirar confianza. Así que penetró en la sala ocupada en su centro por el escritorio de Tata Dios. Y sobre el escritorio estaban sus anteojos. Nuestro amigo no pudo resistir la tentación — santa tentación al fin — de echar una miradita hacia la tierra con los anteojos de Tata Dios. Y fue ponérselos y caer en éxtasis. ¡Que maravilla! Se veía todo clarito y patente. Con esos anteojos se lograba ver la realidad profunda de todo y de todos sin la menor dificultad. Pudo mirar profundo de las intenciones de los políticos, las auténticas razones de los economistas, las tentaciones de los hombres de Iglesia, los sufrimientos de las dos terceras partes de la humanidad. Todo estaba patente a los anteojos de Dios, como afirma la Biblia.

Entonces se le ocurrió una idea. Trataría de ubicar a su socio de la financiera para observarlo desde esta situación privilegiada. No le resulto difícil conseguirlo. Pero lo agarró en un mal momento. En ese preciso instante su colega esta estafando a una pobre mujer viuda mediante un crédito bochornoso que terminaría de hundirla en la miseria por sécula seculorum. (En el cielo todavía se entiende latín). Y al ver con meridiana claridad la cochinada que su socio estaba por realizar, le subió al corazón un profundo deseo de justicia. Nunca le había pasado en la tierra. Pero, claro, ahora estaba en el cielo. Fue tan ardiente este deseo de hacer justicia, que sin pensar en otra cosa, buscó a tientas debajo de la mesa del banquito de Tata Dios, y revoleándolo por sobre su cabeza lo lanzó a la tierra con una tremenda puntería. Con semejante teleobjetivo el tiro fue certero. El banquito le pegó un formidable golpe a su socio, tumbándolo allí mismo. En ese momento se sintió en el cielo una gran algarabía. Era Tata Dios que retornaba con sus angelitos, sus santas vírgenes, confesores y mártires, luego de un día de picnic realizado en los collados eternos. La alegría de todos se expresaba hasta por los poros del alma, haciendo una batahola celestial.

Nuestro amigo se sobresalto. Como era pura alma, el alma no se le fue a los pies, sino que se trató de esconder detrás del armario de las indulgencias. Pero ustedes comprenderás que la cosa no le sirvió de nada. Porque a los ojos de Dios todo está patente. Así que fue no más entrar y llamarlo a su presencia. Pero Dios no estaba irritado. Gozaba de muy buen humor, como siempre. Simplemente le preguntó qué estaba haciendo. La pobre alma trató de explicar balbuceando que había entrado a la gloria, porque estando la puerta abierta nadie la había respondido y el quería pedir permiso, pero no sabía a quién. -No, no — le dijo Tata Dios — no te pregunto eso. Todo está muy bien. Lo que te pregunto es lo que hiciste con mi banquito donde apoyo los pies. Reconfortado por la misericordiosa manera de ser de Tata Dios, el pobre tipo fue animado y le contó que había entrado en su despacho, había visto el escritorio y encima los anteojos, y que no había resistido la tentación de colocárselos para echarle una miradita al mundo. Que le pedía perdón por el atrevimiento. -No, no — volvió a decirle Tata Dios — Todo eso está muy bien. No hay nada que perdona. Mi deseo profundo es que todos los hombres fueran capaces de mirar el mundo como yo lo veo. En eso no hay pecado. Pero hiciste algo más. ¿Qué pasó con mi banquito donde apoyo los pies? Ahora sí el ánima bendita se encontró animada del todo. Le contó a Tata Dios en forma apasionada que había estado observando a su socio justamente cuando cometía una tremenda injusticia y que le había subido al alma un gran deseo de justicia, y que sin pensar en nada había manoteado el banquito y se lo había arrojado por el lomo.

-¡Ah, no! — volvió a decirle Tata Dios. Ahí te equivocaste. No te diste cuenta de que si bien te había puesto mis anteojos, te faltaba tener mi corazón. Imaginate que si yo cada vez que veo una injusticia en la tierra me decidiera a tirarles un banquito, no alcanzarían los carpinteros de todo el universo para abastecerme de proyectiles. No m’hijo. No. Hay que tener mucho cuidado con ponerse mis anteojos, si no se está bien seguro de tener también mi corazón. Sólo tiene derecho a juzgar, el que tiene el poder de salvar.

-Volvete ahora a la tierra. Y en penitencia, durante cinco años rezá todo los días esta jaculatoria: «Jesús, manso y humilde de corazón dame un corazón semejante al tuyo». Y el hombre se despertó todo transpirado, observando por la ventana entreabierta que el sol ya había salido y que afuera cantaban los pajaritos. Hay historias que parecen sueños. Y sueños que podrían cambiar la historia.

Ver la vida con otros ojos Padre Bueno,
danos un corazón
semejante al tuyo,
Capaz de acoger al otro,
capaz de descubrir lo bueno del otro,
capaz de perdonar…
Danos un corazón compasivo,
sincero, abierto, humilde
y lleno de misericordia.
Para que aprendamos
a tratar a los demás
como Tú, Dios Bueno,
nos tratas a todos.– Que así sea –

No nos quejamos porque nos la quitaste, te damos porque nos la diste

“Es mejor invertir en sanidad que en armas, promover la paz, afrontar con valentía la crisis económica priorizando los empleos y cuidar más de la Creación”

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Queridos amigos, esta noche el hermano Don Luigi Furlato ha cruzado el umbral de la casa del Padre. Que su largo sufrimiento y su generoso servicio a sus hermanos enamorados sean el boleto a la alegría eterna. Oremos por él. Gracias, Don Luigi, por tu hermoso testimonio como religioso enamorado de Jesús, su Madre y sus hermanos. Descansa en paz.

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